A propósito de la Universidad de la Amazonia: Diógenes y su Barril

jaime-barco

LUIS JAIME BARCO GARCÍA| Hace cerca de 2.400 años vivió en Grecia un filósofo llamado  Diógenes el cínico (el perro) motejado así, por su idea radical de libertad y autonomía. Además de ser un buen guardián, de los conocimientos que le habían sido confiados, sabía distinguir perfectamente a los verdaderos amigos de los enemigos, deambulaba desnudo entre un barril (tinaja) por las calles de Atenas, con una lámpara buscando a “un hombre honrado”.

Esta búsqueda sigue vigente y cada vez que un país, organización o propósito, necesita de un líder que lo lleve a buen puerto, invocamos a Diógenes y a su lámpara, para que nos ilumine en esa empresa.

La Universidad de la Amazonia, es la realización más importante, para el cambio y desarrollo de nuestra región, gracias a un verdadero líder: Mons. Ángel Cuniberti (Vicario  Apostólico, misionero de la Consolata) que fue capaz de traer desde Neiva el ITUSCO (Instituto Técnico Universitario del Sur de Colombia) según acuerdo 004 del 15 de Dic. De 1970 del Consejo Superior del Instituto,  como una cantera de profesionalización docente y arraigo de profesiones liberales; designando al abogado Fabio Peña Cárdenas como su primer rector e iniciando labores en 1971.

Esta sede, se transformaría  según acuerdo 032 del 13 de junio de 1977 de la U. Surcolombiana; en la Seccional Florencia de la Universidad Surcolombiana de Neiva, cuyo primer rector fue el economista, José Nelson Ossa Suárez.

Dando origen, mediante la ley  60 del 30 de enero de 1982 a la U de la Amazonia, siendo su primer rector, el docente  Juan Manuel Serna Urrea;  en el Gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala (lib.) siendo Ministro de Educación Carlos Albán Holguín (cons).

Para la época, los senadores por el Caquetá eran Hernando Turbay (lib.) y Omar Ortega (cons.) y los representantes a la Cámara Félix Tovar (lib) y Héctor Orozco (cons) este último fue el ponente de la ley, que dio origen a la Uniamazonia.

Ya el Caquetá había sido erigido en Departamento por iniciativa de Hernando Turbay (ley 78 del 15 de dic. de 1981). El Gobernador era Ernesto Gómez Charry; en tanto que;  el Alcalde de Florencia era Horacio Cabrera Moreno.

Es fácil, ver entonces la gran responsabilidad que tienen sobre sus hombros las nueve personas, que hoy integran el Consejo Superior de nuestra Alma Mater, conformado con base en el acuerdo de la misma Universidad: el No. 62 del 29 de Nov. De 2002. Coincidiendo con la ley marco de la educación superior (ley 30 del 28 de dic. de 1982) como depositarios de una institución con más de 45 años de historia y quienes a nombre de la sociedad, deben elegir a quien regirá sus destinos por los próximos tres años y como ha sido costumbre se reelegirá por otros tres.

Allí tienen asiento, personas que con nuestra participación, omisión o indiferencia; han alcanzado cargos de representación, local, gremial, regional o nacional; por tanto sus decisiones se legitiman de acuerdo a nuestro  “contrato social” (léase, Constitución) y nos cobijan a todos.

El Gobierno Nacional hace presencia, con el representante del Ministerio   de Educación (funcionario de ese despacho; quien preside el Cons. Sup.) Y un Rep. del Presidente de la República (Habitualmente, postulado por un parlamentario, con peso político en la región; afín al gobierno de turno).

El Gobernador del Caquetá, quien representa los intereses de los mandatarios elegidos en la región  Amazónica. Un representante de los estudiantes, otro de los profesores, uno por los egresados y otro por los ex rectores; cada uno de los cuales es empoderado por su respectivo estamento. Un representante del sector productivo (empresarial, con o sin ánimo de lucro) con asiento en los departamentos de la Amazonia.

Representante de las Directivas Académicas, designado por el consejo académico (los vicerrectores habitualmente son los elegidos y hacen parte del equipo de trabajo nombrado por el rector de turno).

A diferencia de ocasiones anteriores, donde más que una elección;  lo que había era una confirmación del sucesor o heredero, quien a manera de primogenitura; recibía las lentejas (aciertos y desaciertos de su antecesor) incluso, el actual rector ganó su primera elección (¿Designación?), en una contienda donde era el único candidato (¿?) Triunfo pírrico, que llamamos.

Esta vez hay un abanico vario pinto de una decena de aspirantes (hombres y mujeres); lo que indicaría una posible ruptura o realinderamiento de fuerzas e intereses, alrededor de lo que significa la universidad.

Tal vez un nuevo liderazgo en lo académico o profundización y consolidación de lo existente, en todo caso se debe construir sobre lo construido.

Tal vez, lo más importante de esta explosión de aspirantes, es confirmar que la Universidad ha cumplido su cometido de cualificar los cuadros directivos de la región, la mayoría de estos han sido formados en ella, o han hecho de la universidad una opción de vida (esperemos que no un plan de negocios) así como un reto personal, profesional y académico.pica1

La decisión del Consejo, bien puede recaer entonces, en alguien que considere el cargo como un peldaño en su carrera, por tanto el agraciado debería  “lucirse” en su desempeño luego de que aprenda el cargo y lo ejerza con independencia; más no para pagar favores a quienes lo unjan. O reconocer entre los aspirantes a quien tenga una trayectoria, como dice el evangelio: “por sus hechos los conoceréis” de quien por sus antecedentes y ejecutorias, sea fácil afirmar: “por el desayuno se sabe cómo va a ser el almuerzo”, alguien para quien la rectoría sea un justo premio a su esfuerzo y preparación, que haya hecho quedar en alto, a la Universidad en todos los ámbitos donde se haya desempeñado; con capacidad y jerarquía para aunar voluntades dentro y fuera de la institución. Un Pekerman que nos lleve como equipo, a obtener cada vez más y mejores resultados.

Nuestra Universidad, maneja hoy un presupuesto anual, cercano a los 68.000 millones de pesos, de los cuales corresponden a inversión (contratación) 26.000 millones. Ojalá, la profusión de aspirantes, no corresponda a un gran apetito contractual.

Igualmente, quien lidere la institución, dirigirá un equipo humano de cerca de 1.400 personas (nómina, 35.000 millones al año) de las cuales 1.200 dependen de la voluntad de la administración, para renovar sus contratos cada cuatro meses; lo que potencia su poder de disposición.

En esta materia supera con creces a la Gobernación (200 cargos) o la Alcaldía de Florencia (168 empleos), gracias a la autonomía universitaria.

En el nacimiento y devenir de nuestra Universidad de la Amazonia, han participado la iglesia, la clase política, diferentes fuerzas sociales y los sindicatos (un presidente de ASPU fue rector por dos periodos) como también sus estudiantes, profesores y egresados.  Sin distingo, todos somos directa o indirectamente, beneficiarios o afectados por lo que suceda en NUESTRA Universidad.

Al final, para bien o para mal, el resultado será “lo que da la tierra” es decir; a través de nuestros dirigentes y con las reglas de juego aceptadas y respetadas por todos, le daremos el rumbo a la U que es a la vez un reflejo y una proyección del Caquetá.

Como dice nuestro himno, esperamos sea esta decisión: “Orgullo de Colombia” y no tengamos que arrepentirnos y pedir disculpas; porque cada vez hay menos a quien echarle las culpas.

N.B: Agradezco, la gentil información brindada por Silvio Rubiano, Hernán Torres y la web de la Uniamazonia para la elaboración de este artículo.

jaime-barco