País parado

Jaime Barco García, columnista de Tucaqueta.com

Luis Jaime Barco García| Hoy se cumplen, 40 días del paro de los camioneros. ¿De cuáles camioneros? Aquellos que son dueños de  su camión (tienen uno o unos pocos y generalmente lo manejan ellos mismos o algún miembro de la familia) pero, no son dueños de la carga.

La mayoría están en Boyacá y Nariño, que es donde más se ha sentido el paro. Parece tonta o redundante esta explicación, pero allí radica la naturaleza del problema.

Es distinta la situación de aquel que tiene un negocio, finca, empresa o comercio y decidió comprar camión, para ahorrarse los fletes; ya que es el dueño de su propia carga y no depende del camión para su sustento. Incluso, teniendo su propio equipo, logra que “el camionero” le rebaje el valor de los envíos.

Existen las empresa generadoras de carga, agrupadas en  COLFECAR que pueden ser o no propietarias de camiones; cuya función es la de intermediar entre los que tienen carga (cementeras, petroleras, mineras, carboneras, grandes importadores, ensambladoras etc.) y los camioneros. De esta manera se interviene y concilia la oferta, la demanda y se pretende organizar las necesidades, costos y hacer más eficientes a unos y otros. Siendo la realidad, que agrupan a los grandes capitales y grandes propietarios de cientos y miles de camiones; de hecho actuando como monopolios que condicionan a unos y otros; imponiendo tarifas, forma de pago, rutas, modalidades de transporte y barreras de entrada  al camionero pequeño y al pequeño generador de carga (comerciante, ganadero, productor pecuario o industrial).

En esta pelea el grande se come al chico, ya que se hace realidad el aforismo de que “el que más saliva tiene es el  que más harina come”,  con más veras, cuando incluimos en la ecuación la corrupción.

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El camionero debe dar “palada” para que le den buena carga (no es lo mismo llevar chatarra que algodón) y una buena ruta (es distinto plano y caliente, que montañoso y frio en materia de consumo y desgaste de máquina) como también sobornos por básculas y papeles.

Adicionalmente, el negocio del transporte es un excelente y seguro “lavadero” de capitales no sólo de narcotráfico sino de actividades ilícitas como el contrabando y el robo al erario público.

En los últimos 15 años, hubo bonanza de oferta de carga, sobre todo en el sector petrolero; donde dinero de todos los orígenes alcanzó su realización; ahora en las  “vacas flacas” hay sobre oferta de carro-tanques (sencillos, mulas y doble-troques) agravando esta situación; ya que se han convertido para transportar carga seca (se desmonta el tanque y se instala la carrocería).

Hoy hay en Colombia cerca de 400 mil camiones de todos los tamaños (de uno, dos y más ejes) y sobran aparentemente 80 mil. Es decir, uno de cada cinco camiones no tiene nada que hacer.

En nuestra país, para arreglar otro paro camionero; se autorizó la “repotenciación” que no es más que hacer de un camión viejo, un  verdadero “Frankenstein” con piezas nuevas o de segunda, de diferentes marcas y especificaciones; para alargarle la vida útil a lo ya obsoleto; y en apariencia, cumplir las normas y nuevas necesidades del transporte, donde por supuesto la corrupción, en forma de contrabando, robo de partes y “legalizaciones” en tránsito, hacen su agosto todos los años.

Se me olvidaba, el fracaso de la chatarrización, (acordada en un paro anterior) donde se supone que para que entre un camión nuevo, debe destruirse uno viejo, con el fin de evitar la sobreoferta.

Habría que preguntarle al Gobierno y en particular a las autoridades de tránsito, porque hay tal exceso de matrículas, sin su correspondiente chatarrización y donde está la plata del fondo creado para tal efecto; el cual  se alimenta con un descuento obligatorio al camionero, del valor pagado por cada flete, el cual recauda y administra el Gobierno.

Para rematar la fiesta, con la devaluación, el dólar pasó en año y medio de $1600 a $3200. Se han encarecido, casi que hasta doblarse; los precios de todos los insumos del transporte, los cuales se cotizan en su mayoría en dólares (llantas, repuestos, aceites etc.) por ser como los equipos: importados.

Por supuesto, los fletes no han crecido; por el contrario, tienden a la baja y se cotizan en pesos; lo que hace aún más precaria la situación del “camionero”.

Esta es una de las razones, por las cuales ha habido 32 paros de camioneros en los últimos 15 años y al igual que maestros, jueces, indios, campesinos y empleados de la salud; el próximo paro será para que les cumplan lo acordado en el anterior. Difícilmente, habrá una solución que satisfaga a todos, habrá que sacrificar a muchos y la cadena se rompe por el eslabón más débil: el consumidor.

Pagaremos los sobrecostos; porque lo que sube, difícilmente baja en materia de precios de comida y artículos de primera necesidad, porque la escasez en Colombia se controla subiendo precios y no aumentando la  oferta. Ningún gobierno puede poner un policía detrás de cada panela, para que no haya acaparamiento o especulación; la receta es siempre la misma: apretarse el cinturón; el problema es que ya no hay como abrirle más huecos.

Habría que pensar, si uno compra un vehículo hoy día, como se hacía hace 50 años, para cuidarlo, volverlo parte de la familia y heredárselo a los hijos; junto con el oficio y la clientela; o por el contrario, gústenos o no, hay que ponerlo a trabajar las 24 horas, todos los días de la semana, para “hacerle la plata” durante su vida útil (5, 10, o 20 años, como máximo) asegurando el ahorro para el camión nuevo de reemplazo y así conservar “el cupo” o licencia de carga o cedérsela a quien quiera entrar al negocio; sin esperar que el gobierno de turno, nos garantice la rentabilidad del camión, como si fuera una pensión o un sueldo asegurado de por vida.

Se requiere inteligencia y solidaridad de gobernantes y gobernados, para salir al otro lado o nos hundiremos todos con los ojos abiertos y echándole la culpa al otro, si no reconocemos que “somos los demás de los demás” (Alberto Cortés).

Jaime Barco García, columnista de Tucaqueta.com

Jaime Barco García, columnista de Tucaqueta.com