Padre Arnulfo: el cura de los campesinos

Arnulfo Parra, QEPD.

Camilo Andrés Muñoz Torres| Existe en la Iglesia católica una porción de curas obreros, populares o de las comunidades de base que son conocidos como teólogos de la liberación. Esta corriente filosofo-teológica “quiere decir: establecer la relación que existe entre la emancipación del hombre –en lo social, político y económico– y el reino de Dios”: Gustavo Gutiérrez (1968), sacerdote peruano, padre de la misma.

Arnulfo Parra, QEPD.

Arnulfo Trujillo Orozco, QEPD.

Pues bien, de esta partitura eclesial era militante Arnulfo Trujillo Orozco. El padre Arnulfo, era un fiel admirador de monseñor Cuniberti, a tal punto que esbozó en un pequeño libro la vida del obispo en Florencia.

Arnulfo, era huilense (de Timaná); estudió la primaria en su pueblo natal y secundaria, filosofía y teología en Garzón (la capital diocesana del Huila), estos últimos en el Seminario Mayor

Además de lo anterior, el padre Arnulfo realizó estudios de posgrados. Un año estuvo en Roma conociendo sobre sociología; luego cursó 3 años de derecho canónico y, posteriormente viajó a San José de Costa Rica donde fue partícipe de un diplomado en sociología, fue allí donde nuestro compañero Arnulfo conoció de hecho a Andrés y Fernando Cardenal, famosos sacerdotes latinos militantes de la teología de la liberación (la de los pobres) y al mismísimo Leonardo Boff, ecólogos, filósofo y teólogo, cofundador de esta rama de la teología (citado varias veces por el Papa Francisco). Sumado a todo esto, el padre Arnulfo era especialista en comunicación y creatividad para la docencia.

Influido por figuras preponderantes en América Latina, el padre Arnulfo pasó a ser militante de la Teología de la liberación; le ayudaban en este recorrido el ser el primer sacerdote diocesano del Caquetá. Un hombre entregado en su misión a los pobres y a los campesinos. Un servidor de Jesús de Nazaret, que, como su maestro, siempre trató de predicar y practicar el evangelio de su amado.

Algunos sacerdotes, compañeros suyos, lo acusaron de marxista. Ante esto, le pregunté hace un par de años, y él, en la tertulia que solíamos hacer, me dijo: “A mí Jesús me enseñó a luchar por el pobre. Creo que Marx se copió de Jesús (y soltaba la carcajada)”.

A los 77 años se nos fue; la mayoría de ellos llenos de lucha y coraje para enfrentarse a los poderosos. Un hombre alegre y sabio, lector voraz y teólogo. Tertuliador. Consejero. Maestro. Seguramente, estará compartiendo el pan y el vino en la misa celestial.

Siempre acompañó las causas justas de los trabajadores. Su ideología, más que política, era evangelizadora: luchar por todo aquel que era oprimido.

Lo echaremos mucho de menos, pero desde allá, interceda por nosotros, padre.

¡Hasta luego, compañero!