Mal parados

Jaime Barco García, columnista Tucaqueta.com

LUIS JAIME BARCO GARCÍA| Al seguir la controversia, entre el Senador Robledo y el Fiscal Martínez; entre más leo y releo, los diferentes artículos informativos y los de los “opinadores” sigo creyendo que a esa historia le falta un pedazo.

Dos pesos pesados, ampliamente reconocidos por su capacidad, formación y trayectoria, cada uno; desde sus opuestas orillas; donde amigos y detractores son sabedores de las calidades del otro. En el caso de la demanda por injuria que impetrara el Fiscal contra Robledo, pareciera que el ego y la imagen, superan la necesidad de que aquellos investidos por la sociedad para regir las más altas dignidades del Estado, deben dar ejemplo de acatamiento de la ley, como espejo que son para sus conciudadanos; más no de soberbia que pretende, se acoja como verdad revelada sus dichos, hechos y pensamientos.

Nada más falible en una democracia que el ejercicio del poder, su temporalidad y claros límites. El indispensable escrutinio público que hace necesaria la pluralidad de opiniones, la alternación en el Gobierno y la oposición, como también el reconocimiento de que, al contradictor, podría asistirle la razón; ya que, en condiciones civilizadas, podríamos más que conciliar, reconocer en el otro, incluso, el cambio de nuestra propia posición y opinión.  Con lo cual ciertamente ganaríamos todos.

Tengo claro que el Senador no se retractó y que el Fiscal retiró la denuncia, ¿conciliación? Ninguna.

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Los parlamentarios por constitución, tienen un fuero que protege sus opiniones, expresadas en el ejercicio de sus funciones y estas se presentaron amparadas en documentos oficiales, expedidos por el órgano competente del Banco Agrario y nadie ha denunciado ni demostrado, que estos sean falsos o su contenido apócrifo.

Con posterioridad el Fiscal, presenta también, una certificación del mismo banco, que responde a una solicitud, que con un direccionamiento específico; hiciera el interesado y que, a su juicio, satisfizo su particular interés. Pero que no desvirtúa ni deja sin efecto, la exhibida por Robledo.

No es posible que amparados en la libertad de empresa, los hijos o allegados y los mismos dignatarios, conciban que a través de la puerta giratoria, de su anterior o posterior ejercicio público o privado; se les permita alternar en cada cancha, beneficiándose de la información y posición, atinente a su actividad, negocios y desempeño, en cada uno de estos escenarios. Esta patente de corso, le hace daño a la sociedad toda; ya es indecorosamente anecdótica, la trayectoria de los vástagos del presidente anterior. Para citar sólo un caso por reciente y conocido, y para no ahondar más, en esta fea e inveterada costumbre de la gente “bien”(léase: con dinero influencias y poder) de nuestro país.

Queda claro, en el debate que a través de alguna de las múltiples razones sociales bajo las que opera DLA-PIPER- Martínez Neira- Martínez Beltrán&Asocs. se conceptúo favorablemente respecto del consorcio Navelena, a fin de obtener un crédito en el Banco Agrario.  Se prueba que es Martínez-Leal a sus propios intereses, que el concepto emitido, sí se tuvo en cuenta, para el crédito que el Banco Agrario sí le otorgó a Navelena y el cual no se utilizó en el propósito para el cual fue otorgado (navegabilidad del río Magdalena) sino se desvió para pagar deudas bancarias; que a pesar de la afirmación del Ministro Iragorri en el Congreso, sobre la recuperación total e inmediata de los dineros públicos, a la fecha nadie responde por ellos.

Hoy que se anuncian tantas “aperturas de investigaciones” por parte del Fiscal General de la Nación, ojalá esta se cerrara, con el establecimiento de las responsabilidades que atañen a cada nivel o entidad y la efectiva recuperación del patrimonio público (más de $120.000 millones) por que hasta ahora y como decía el inolvidable Maestro Salustiano Tapias, al Fiscal “se le ‘tá’ cayendo el ‘chanfurriao’”.

Es indispensable, en una situación como la que hoy vivimos, de descomposición y pérdida de valores, como el decoro; que en el ejercicio de la función pública y en la actividad privada, seamos y parezcamos; como los romanos requerían, fuera la mujer del Cesar.

Jaime Barco García, columnista Tucaqueta.com

Jaime Barco García, columnista Tucaqueta.com