La deforestación en el Caquetá

El escritor de esta columna de opinión hace un llamado a los caqueteños para detener la deforestación de la Amazonia.

John A. Rojas Cabrera|  Cuando hablamos del departamento del Caquetá,  la primera percepción que se viene a la mente de una persona que no la conoce  es que es un lugar que ha sido golpeado durante años por el conflicto,   recuerdan  las malas noticias sobre violación de Derechos Humanos,   comentan  sobre el  abandono por mucho años del gobierno central y porqué no decirlo,  la poca importancia que le dan  los medios de comunicación a su fiestas, tradiciones y turismo.

Pero como dicen los caqueteños,  quien llega a estar en estas  tierras difícilmente  sale de ellas. Que no te atrape la manigua (Casa tradicional de descanso – choza) advierten, cuando alguien llega de visita a este departamento ubicado al suroriente de Colombia y en donde se unen el pie de monte llanero con la Amazonía. Otros dicen que el que llega y logra salir, por alguna razón mágica regresa.

Llamado  también  la puerta del Amazonas, el departamento del Caquetá tiene una enorme riqueza hídrica y biodiversa.  Lamentablemente, la deforestación por parte de sus habitantes, empresas  privadas  y la poca vigilancia del Estado,  están acabando con este paraíso.

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Una vaca por cada hectárea. Esta equivalencia resume el modelo ganadero del Caquetá, pero al mismo tiempo define la dinámica de la destrucción de la Amazonia en esa parte del país.  A pesar de ser un problema de largo aliento, solo hasta ahora entidades,  personas y el Estado está asumiendo el control.   Este departamento fue uno de los epicentros de la guerra con las Farc.  Allí se estableció la zona de despeje durante el fallido proceso de paz de Andrés Pastrana y un gran porcentaje de sus territorios estuvo hasta hace poco bajo el control de esa guerrilla.

El único control durante varios  años  a la destrucción de los bosques,  va a sonar paradójicamente,   pero se debe a  la autoridad  ambiental que ejercían las Farc  que  evitó que el daño fuera peor.

La verdad es que solo hasta estos  años el Estado ha tenido que enfrentarse con las imágenes devastadoras de la deforestación en el Caquetá.  Durante décadas,  la destrucción de los bosques amazónicos había sido un problema que dejaba  la coca y la ganadería propia de este lugar.

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Si usted visita al Caquetá y va más allá del pueblo donde se va a quedar, va a encontrar imágenes apocalípticas de árboles convertidos en palos y cenizas. Pero también encontrará lugares maravillosos y mágicos  (ríos – bosques) que han sobrevivido,  y reflejan  la esencia de estas tierras.

Como enamorado de esta tierra mágica, hago un llamado a los colonos que han estado tumbando parques naturales para convertirlos en potreros adecuados para la ganadería extensiva.  No se debe dejar de hacer lo que hacen,  eso es fuente de economía y desarrollo,   pero sí debemos tener un control  y más conciencia sobre la riqueza que tenemos a nuestro alrededor,  su impacto en la economía y desarrollo del  país en un futuro, va ser mucho más importante.

En ese sentido, tal vez la apuesta más prometedora para el Caquetá ante esta situación sean los programas que se crean a través  del Ministerio de Ambiente con cooperaciones y  financiación  internacional. Y los cambios de visión de sus habitantes. Recuerden que debemos trabajar para que la  región sea próspera y competitiva pero también debemos velar porque sea respetuosa con el bosque, sin necesidad de  desangrar  nuestro entono  para poner media vaca por hectárea.

El escritor de esta columna de opinión hace un llamado a los caqueteños para detener la deforestación de la Amazonia.

El escritor de esta columna de opinión hace un llamado a los caqueteños para detener la deforestación de la Amazonia.