¡A votar se dijo!

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Jaime Barco García| La gran ventaja de vivir en una democracia, con todos sus defectos e imperfecciones; es que podemos perder, equivocarnos, quejarnos siempre y vivir para contarlo. Cómo, cuando compramos lotería, cada cierto tiempo, abrigamos la ilusión, “de que esto cambie” o “ahora sí le toca al pueblo” así al otro día debamos mentir, para decir “ganamos” así por dentro estemos quemados por la rabia y la impotencia; ya que, si no le pegamos al ganador, podemos sufrir las consecuencias.

Debe ser muy aburridor, vivir en un país, donde haya un solo partido y este obtenga siempre el 99,99% de los votos; ya que con seguridad el voto es obligatorio, por el candidato único, del partido único y el voto, además, sea un mecanismo de control para medir la fidelidad al régimen.

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Muy poco encanto, tienen también, aquellos países, donde reinan monarquías; donde se sabe desde la cuna hasta la tumba, quién gobernará por la gracia de Dios y del supremo; donde la elección no va más allá, de cómo arrodillarse o en qué orden dar las gracias, al Todopoderoso, señor de nuestras vidas.

Tal vez, el cambio más revolucionario que ha habido en Colombia en materia electoral,  se dio a partir de la constitución del 91;  con la implementación del tarjetón electoral, donde en igualdad de condiciones, aparecen todos los partidos y aspirantes, en cada proceso electoral; no es sino recordar, cuando cada partido debía imprimir sus listas de candidatos a cada corporación o a la presidencia (no existía la elección de alcaldes y gobernadores) y armar ejércitos,  de dobladores y empacadores de votos, junto con aquellos, que recortaban en cuatro partes, los sobres de carta donde se introducirían los respectivos sufragios; para después hacerlos llegar hasta los más apartados lugares de ciudades y pueblos, por todo el país.  De hecho, las minorías, por serlo y contar con pocos recursos, circunscribían a muy pocos escenarios, su actuar político-electoral; cuando no les eran destruidos o “embolatados” los sobres con las listas de sus aspirantes o llegaban después del escrutinio respectivo.

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En Colombia, somos hoy 36 millones de electores, iremos a las urnas 16 para elegir al nuevo presidente; por fortuna, esta vez el candidato no se elige, por su actitud ante las FARC y podemos escoger entre ocho ilustres colombianos, capaces de dirigir éste país; cada uno desde su propia perspectiva. Lástima grande que jamás sabremos por qué razón no van a votar 20 millones de colombianos; explicaciones, hay muchas: cansancio, indiferencia, incredulidad o porque creen, que el voto no sirve para nada; o como dicen “gane quien gane hay que trabajar”. Esos, los que no votan legitiman, lo que hagamos los demás y en muchos casos facilitan, que lleguen y se perpetúen, los que saben a qué van a un cargo público; no para servir, sino para servirse de este; para sí y sus amigos y patrocinadores

Las elecciones presidenciales, son el domingo 27 de mayo y seguramente habrá segunda vuelta en junio. Lo interesante, es que, desde el 11 de marzo, según lo que pase en las parlamentarias, se reagruparán las fuerzas de uno y otro bando. De no ser así y si se mantienen las cosas como están, muy seguramente, la final será entre Vargas Lleras y el de Uribe; el primero porque cuenta con los políticos tradicionales de todos los partidos (Cambio Radical, Conservadores, Liberales, de la U y otros) que ven en el del “coscorrón” uno de los suyos, que entiende de clientela y maquinaria y que garantiza se mantengan las cuotas de poder tradicionales, sin importar antecedentes ni pecados que se lavan con votos y “gobernabilidad”.

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Uribe, es punto aparte; es un caudillo y por eso des- institucionaliza lo que toca; es un extraordinario comunicador y logra sembrar en sus prosélitos, rencores, miedos y odios a granel, estar con él es cosa de fe; por eso el que diga Uribe, “está en la juega”. De forma muy sagaz, logra inclinar a su favor a todo aquel que vota en contra: de la Farc, del castrochavismo, del estado derrochón; en un país, donde todos hemos vivido de “cobrársela” al vecino y de guardar rencores para siempre; qué mejor, que este caudillo, que promete la paz de los sepulcros.

Así las cosas, los dos anteriores, pasarán la barrera de los tres millones de votos, en la primera vuelta, para que escojamos al derecho; entre corrupción y más venganza. Allí con medio millón o menos estará Pinzón si no se pega a alguno antes.

Arrebatándose, la bandera de un país más incluyente, si no logran superar sus egos y diferencias; nos mostrarán que preferimos perder todo, que ceder una parte para lograr el cometido; Fajardo pondrá 2,5 millones de votos; 2 por De la Calle; 1,5 Petro y Piedad y Timo 0,5 cada uno. Así, siendo mayoría, se quedarán por fuera, por jugar a ser virreinas y por no querer perder el cetro, el país será la cenicienta.

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A esto Hay que agregarle que dos millones de personas se acercarán a las urnas “por joder” marcando mal, para anular el voto, o no marcar o en blanco, para tener la constancia y ganar el día libre o la rebaja en trámites con el Estado.

A lo mejor soy pesimista, pero si no abrimos los ojos, y tomamos decisiones; volveremos al principio de este artículo.