Una ciudad con vías, pero sin acceso a ellas

Por: Jhonnatan Cruz Salcedo. Por desventuras de la vida Florencia nunca logró mutar de ser una ciudad pequeña, a convertirse en una urbe organizada y planificada territorialmente. Y es un panorama muy desalentador no solo por la consecuencias que todos conocemos de invasiones al espacio público, problemas de movilidad en el centro y grupos delincuenciales que no solo se quedan con las pertenencias de los florencianos, sino también con predios y terrenos públicos y privados.

Resulta paradójico que las calles pensadas en el pasado (desde las primeras construcciones que hicieran los capuchinos europeos que erigieron la ciudad a orillas de la quebrada La Perdiz) con dimensiones muy amplias; en la actualidad aún conserven esas proporciones de grandes espacios para el tránsito de los vehículos, pero tristemente permanezcan invadidas por conductores carentes de cultura ciudadana, que no tienen problema en parquear sus carros o motos por hileras sin dejar paso al resto de florencianos que necesitan movilizarse con mayor fluidez.

Esas calles de grandes dimensiones con las que cuenta la capital caqueteña son asaltadas en la buena fe con la que se construyeron desde hace más de 80, también por comerciantes que no tienen reparo en parquear tracto mulas o camiones de gran envergadura frente a la puerta de su negocio en las horas de mayor confluencia de vehículos.

Tenemos un potencial increíble en nuestras vías, mucho más que otras ciudades pequeñas o intermedias, donde la dinámica de expansión y el aumento de vehículos y motocicletas, ha obligado a rediseñar por completo sus calles, demoliendo edificios y casas para lograr ampliar el ancho de vía.

En Florencia ni siquiera necesitamos una mega obra como aquellas. No necesitamos derrumbar la Gobernación o la Alcaldía o una manzana de viviendas para contar con unas vías adecuadas en cuanto a sus dimensiones. Por fortuna contamos con ese margen de ganancia en la amplitud de nuestras calles.

Entonces, ¿qué es lo que ocurre?

Desde luego la problemática de movilidad pasa por un simple hecho el cual es despejar las vías de vendedores ambulantes, parqueaderos informales y zonas de descargue irresponsables.

¿Cómo lograr eso?

La respuesta en la teoría resulta más fácil que en la práctica: Los florencianos debemos tener un mayor sentido de pertenencia y una mayor cultura ciudadana. Y la autoridad debe cumplir su papel de autoridad.

Es decir, como ciudadanos debemos entender que estacionar el carro frente al banco está mal, así sea por dos minutos. Y la autoridad debe ser más drástica y afectar el bolsillo de quienes incumplas las normas, pero no solo de los motociclistas, que son los más perseguidos en algunas ocasiones, sino también de los carros que son los que más espacio ocupan al estacionarse en las vías.

Columnista, Jhonnatan Cruz Salcedo.

Columnista, Jhonnatan Cruz Salcedo.