El síndrome de la chiva puede producir daños irreparables

Edilberto Valencia

Por: Edilberto Valencia Méndez

El video publicado apresuradamente por Vícky Dávila, en el cual un oficial de policía y un ex senador hablan de temas estrictamente personales, así sean sexuales, desencadenó una avalancha de comentarios que produjeron la renuncia del ex senador de su actual cargo como Viceministro, obligaron al Director Nacional de la policía a solicitar al Presidente que lo separe del cargo y causó  gravísimo daño a la institución policial, blanco de las burlas en la caja de resonancia en la cual se han convertido las redes sociales.

Con el debido respeto que merece la periodista, a quien la opinión pública nacional escucha, aprecia y tiene en cuenta por sus excelentes trabajos, humildemente, como periodista de provincia, considero que se le fueron las luces al publicar el mencionado video, porque se trataba estrictamente de una conversación personal en la cual se habla de preferencias sexuales y no involucra a otras personas, teniendo en cuenta que ese tipo de situaciones pertenecen exclusivamente a la intimidad de las personas y no al dominio público; si existe sospecha de la comisión de un delito, la prueba debe ponerse en manos de las autoridades competentes en vez de someterse al escarnio público.

No quiero pasar por abogado del diablo y mucho menos por adulador profesional como recientemente me calificó por las redes sociales un ciudadano a quien respeto, pero es necesario dejar en claro que a pesar de los numerosos problemas que se presentan en la policía nacional producidos por los errores de algunos de sus miembros, la institución, que tanta sangre ha derramado por defender la honra y vida de los colombianos, no merece ser sometida de esta forma al escarnio público, lo mismo que su Director que aún no ha sido vencido en juicio; recordemos que el artículo 11 de los derechos humanos pregona que toda persona tiene derecho a ser considerada inocente mientras no se demuestre su culpabilidad.

Las preferencias sexuales de cada persona pertenecen exclusivamente a su intimidad y no generan delito mientras sea entre adultos y no lesionen a otras personas; quien no lo considere así que tire la primera piedra; por esta razón, si aún no se ha probado la existencia del mencionado cartel del anillo, si aún no se ha vencido en juicio a las personas implicadas, ¿quién les devolverá la honra si al final son declarados inocentes?

El síndrome de la chiva, el afán por llevar primero la información a la opinión pública, el desespero por ser los primeros en el rating, puede producir daños irreparables en la honra de las personas y en el prestigio de las instituciones; bien lo decía García Márquez cuando afirmaba que la mejor noticia no era la que se daba primero; en muchas oportunidades el afán de protagonismo nos lleva a producir daños irreparables de los cuales nos tendremos que arrepentir tarde o temprano; que debemos denunciar a los funcionarios públicos que no trabajan, que hacen mal las cosas, claro que debemos hacerlo, pero la intimidad de las personas debe respetarse y no hacerlo degrada peligrosamente nuestra profesión.

Edilberto Valencia