Carta a una adolescente lesbiana

Por: Camilo Andrés Muñoz Torrez

¡Qué mejor oportunidad de abrir mi espacio en este periódico que escribiéndote y mostrarte mi apoyo público a ti, querida Camila*!

Apenas tienes dieciséis años y has decidido contarles a las personas con las que compartes y convives diariamente que eres lesbiana. ¡Sí, qué pecado tan gravísimo! Tú, al igual que yo, y bueno, de muchos amigos que tenemos en común, creemos en Dios y sabemos que Él no te juzgaría porque has decidido vivir tus idilios con personas de tu mismo sexo. Claro lo dijo el sacerdote chileno Felipe Berríos: “Dios ama a los homosexuales por igual y quiere que sean felices”. Y, reafirma su postura el jesuita, aseverando: “Los homosexuales son hijos de Dios. Él los creó homosexuales y lesbianas, y Dios está orgulloso de que lo sean”.

Esto lo expreso porque, a tu corta edad, paradójicamente, los que más deberían apoyarte, tu familia, por causas netamente religiosas, son los que más te atacan.

En un mundo tan indiferente, intolerante y cavernario, decidir ‘salir del clóset’ y ser osado es el gran problema. Eso es lo que me conmovió a escribirte: tu gallardía, tu coraje, tu amor por ti misma al enfrentarte a aquellos que te vilipendian y difaman haciéndote creer que eres anormal y rara. ¡No!, por supuesto que no eres así.

Los que sabemos algo de ti, reconocemos que eres dulce, cariñosa, emotiva, feliz, inteligente, radiante, bizarra. Sí, Camila, tienes tantos adjetivos positivos como la cantidad de sonrisas que regalas diariamente, inclusive a quienes reprochan tu sexualidad.

Me preocupa, además, que el propósito de no aceptarte como eres y el rechazo inminente que tienes a cuestas de personas profesionales y de quienes piensan que estás en un camino equivocado y que yerras al ver a las mujeres más atractivas que a los hombres, es algo contrario a la naturaleza humana y, por tanto, una ofensa a Dios, queriéndote condenar públicamente como lo ha hecho tu madre en varias ocasiones.

Eso, desde luego, es una afrenta que ella deberá reconocer, sobre todo, querida, porque la soledad es dual: amalgama perfecta para quienes escribimos, pero combatiente directa de quienes, como tú, son repudiados por una parte de trogloditas que creen tener siempre la razón basados en un libro que ha causado crímenes atroces a la humanidad.

Sin más, querida Camila, cuentas con todo mi apoyo, el de tus compañeros de clases, el de tus amigos, el de aquellas personas que vemos en ti una mujer luchadora y una persona íntegra que siempre está a favor de aquellos que son vulnerados por el pensamiento banal de quienes anteponen la Biblia a la Constitución.

Te admiro, aprecio y apoyo,

*Nombre cambiado para proteger del bullying a quienes rechazan la sexualidad de mi conocida.

Andrés Camilo Muñoz.

 Camilo Andrés  Muñoz.