Carta a la madre de una adolescente lesbiana

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Por: Camilo Andrés Muñoz Torres

Hola, doña Carlota*, mis ánimos al escribir estas líneas son álgidos en apoyo a su hija Camila, aunque mínimo como el amor que usted debe tener por ella.

Doña Carlota, como ya sabe, su hija Camila decidió contarle sobre su condición sexual, decidió ser sincera con Ud. y enfrentar la difícil sociedad en la que todavía vivimos e ir contracorriente, algo que pocos a esa edad (16 años), se atreven a hacer. Sé que la ha increpado en varias oportunidades frente a sus compañeros de clases, pues a usted le avergüenza su gusto platónico y real.

Le incomoda que ella tenga sus devaneos con chicas de su misma edad o que llegue a jovencita y se enamore de una par a ella. También sé que cree que ella es anormal, o que es una ‘bicha rara’, o que, haciendo alarde de un léxico puritano, por ser docente, cree que ella está desorientada.

Pues, doña Carlota, con todo respeto y aprecio, el mismo con el que usted sonríe a los adolescentes a quienes orienta clase mostrándose como toda una dama y con su porte de señora glamorosa, déjeme decirle: ¡Camila es una chica anormal!, sí, es cierto: es una adolescente rara, está fascinadamente desorientada, es una bicha rara. No sé qué le pasa.

Discúlpeme por ser sincero: ella es tan anormal que decidió, desde su adolescencia, tratar de resistir a las malsanas personas que la ven, estrambóticamente, como un ser fuera de lo común, es cierto, lo es. Pienso igual que usted, aunque de modo adverso, ella es rara, diría, mejor: ¡rarísima!, claro, los raros, como ella y yo, como otros tantos que están apaciguados, queremos cambiar este mundo para bien, por eso hacemos frente a resolver primero lo que nos incumbe.

¡Qué raro eso!, ella quiere aportar al cambio, aunque sea una parte mínima de la sociedad, pero primero anhela ser aceptada para, luego, luchar por aquellos que son sosegados.

Por eso, doña Carlota, estoy de acuerdo con usted: ella está totalmente desorientada, pues, siendo contraproducente, no se acomoda a los bienes que se le pueda brindar, ni está refugiada en su interior: ella es tan intrépida que cree que la verdad debe salir a la luz pública, que nadie debe ser engañado ni mucho menos oprimido.

¡Es una bicha rara!, tan rara que, no importa el bullying que tenga que padecer, ni los insultos que le puedan causar su orientación sexual, ni el aislamiento por el que logre ser menoscabada, eso es sinónimo de ser un bicho raro: querer ser uno mismo, aunque motive repudio de los demás.

Sé que usted ama fervorosamente a su hija Camila, así como ama a sus otros tres hijos; sé que le ha causado muchas alegrías por ser una excelente estudiante, sé que quiere que sea la mejor de las profesionales, aunque también creo que quiere que tenga una familia, cuando deje la casa, y sea feliz, creo que quiso que se desposara con un hombre que la acompañara siempre, pero, doña Carlota, es la felicidad de ella, es el amor que ella decidirá dar a una mujer, así como ella.

Estoy seguro que usted apartará el tedioso qué dirán y la usurpadora religiosidad y, al fin, como muchos esperamos, podrá aceptar su sexualidad.

¡Apóyela!, no la deje sola, es el fruto del amor que usted tuvo cuando decidió parirla, ella se lo agradece, no soslaye la virtud de ser madre de una hermosa adolescente.

*Nombre cambiado para no herir la susceptibilidad de mi destinataria.

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