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Tras permanecer cinco años en Caracas (Venezuela), en donde inicialmente laboró en empresas privadas de comercio y seguridad, y luego creó un próspero restaurante, Edna Rocío Rodríguez Sánchez se vio obligada –hace un año– a retornar a su ciudad de origen, donde el SENA le abrió las puertas de la formación y hoy le brinda una oportunidad a través de contrato de aprendizaje.

“Habían deportado a mi esposo Carlos Alberto y a mí me lograron intimidar; retuvieron mis documentos y tras un mes de este suplicio, con una carta de retorno en contra de mi voluntad, salí por Maicao (La Guajira) y  sin nada más que la compañía de mis hijas emprendí camino hacia mi tierra, en donde hoy tengo nuevas oportunidad de vida”, manifestó Edna Rocío, aún con el sinsabor de tener sus enceres en Barranquilla (Atlántico).

Y es que en Caracas, Edna y sus pequeñas Reina Camila y Sara Michelle, venezolanas de nacimiento, abandonaron su apartamento, que vendieron a bajo costo, para poder costear el envió de sus cosas de primera necesidad e iniciaron la travesía hacia el Caquetá.

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Una vez aquí, recibieron el apoyo de sus familiares, quienes les brindaron alojamiento y comida durante las primeras semanas, al acercarse la temporada decembrina Edna inició a trabajar en un almacén de calzado; entiende la necesidad de formarse para obtener mejores oportunidades y mejorar su calidad de vida y se inscribió durante una convocatoria de formación titulada, obteniendo un cupo en la carrera técnica Contabilización de Operaciones Contables y Financieras.

 “Su entusiasmo y liderazgo la destacaron en el grupo; es muy disciplinada, trabajadora y le fascina todo el tema de cifras y finanzas. Sus hijas son el motor de su vida y eso lo evidenciaba en cada actividad que realizaba durante los meses de formación”, destacó Sandra Milena Cedeño, quien fue su instructora.

Dada su condición económica y tener excelentes calificaciones, se postuló y obtuvo un apoyo de sostenimiento, iniciativa que tiene como finalidad contribuir a sufragar gastos básicos, seguro de accidentes, elementos y vestuario de protección personal de aprendices.

“Entre los postulados encontramos a Edna y tras el diagnostico sicosocial y económico y con el cumplimiento de los requisitos se le asignó el apoyo de 320 mil pesos mensuales, que supo aprovechar para responder a gastos necesarios, se hizo más liviana su carga financiera y así rendir más en la parte académica”, explicó Alejandro Figueroa, líder de Bienestar al aprendiz.

Fueron tres meses en los que recibió el apoyo, recursos que sumados a las ganancias que obtenía Carlos Alberto –su esposo–, haciendo turnos de vigilancia en diversas empresas de la ciudad, les permitieron solventar la economía familiar, que incluía arrendamiento, alimentación, transporte y el colegio de las niñas.

Al concluir la etapa lectiva con excelentes resultados académicos, Edna presentó pruebas y cumplió los requisitos para ser una de las siete pasantes, que mediante contrato de aprendizaje tiene en la actualidad el Centro Tecnológico de la Amazonia, desempeñándose en el área de comisiones del grupo de Gestión Administrativa de la Regional Caquetá del SENA.

“Desde esta posibilidad de pasantía contamos con Edna, quien con gran sentido de pertenencia, responsabilidad e inteligencia realiza sus labores de trabajo”, dijo José Delby Vargas, director de la entidad en Caquetá, quien con frecuencia la ve en su despacho a la espera de la firma de las comisiones para continuar el trámite administrativo.

Es un mes como pasante, esta mujer de 24 años y 1,50 metros de estatura, ha conocido el andamiaje que requiere su labor en la Institución a la que llego para formarse y hoy le brinda la oportunidad de completar su proceso de etapa productiva.

“Dejar una vida y emprender un nuevo rumbo, no es fácil; gracias a la formación que recibí tengo nuevas expectativas de vida, sueños y ganas de seguir adelante en mi país”, agregó Edna, quien desde su puesto de trabajo atiende un requerimiento.

Con grandes expectativas, nuevos conocimientos y un carácter y espíritu de ganadora, Edna, las pequeñas Reina y Sara  y Carlos, proyectan su nueva vida en Caquetá, en donde el SENA los ha acompañado, al igual que lo hará con  los deportados que retornen a sus municipios de origen en esta región del país, para atender las necesidades de nuestros compatriotas frente a los servicios que brinda la Entidad.