Los diferentes casos confirmados de coronavirus en el Caquetá, generan un doble impacto en la población caqueteña. Por un lado, el temor natural de contagiarse con el temeroso Covid 19, y por otro, la desazón de continuar con el aislamiento preventivo por varios días más.

Ese miedo que corroe a muchos, no sobrepasa la necesidad que tienen muchas otras personas de salir a la calle a conseguir el sustento diario de su familia. Las protestas en municipios como Florencia, no se han hecho esperar. Los trapos rojos en las ventanas de los barrios más vulnerables, e incluso en sectores ‘de bien’, continúan siendo el pan de cada día, a pesar de los múltiples esfuerzos de autoridades y particulares por suplir las necesidades básicas de alimentación de la población.

Y donde no hay hambre, hay es un miedo enceguecido de contagiarse. Con retenes ilegales instaurados por los habitantes de zonas rurales e incluso urbanas para no dejar pasar a ninguna persona que venga del exterior de sus localidades.

Es el caso de la Unión Peneya, donde los retenes de la comunidad incluso en algún momento impidieron la llegada de ayudas humanitarias con comida para los más necesitados de ese sector del municipio de La Montañita.

Recientemente, en el norte del Departamento las comunidades no dejaron ingresar unos buses que transportaban a decenas de trabajadores. Y en muchos sectores del Caquetá, reportan este tipo de barreras y puestos improvisados.

Incluso, en una vereda cercana al municipio de Florencia, los habitantes han denunciado que están cobrando un peaje para poder ingresar o salir de sus territorios.

Medidas un poco drásticas tal vez, pero alentadas por el temor y el pánico colectivo a contagiarse de Covid 19.

En medio de todas estas dificultades, los comerciantes formales e informales reclaman ayudas, o cuando menos facilidades para poder reabrir sus negocios y detener las pérdidas millonarias que se tienen en este sector de la economía.

Quedarse en la casa cada vez está siendo una misión más difícil de sobrellevar para los caqueteños, que reclaman también alivios económicos en el pago de sus servicios públicos. Alivios que en ciudades como Florencia seguramente no llegarán.

De esta manera lo que parece algo inviable para muchos, y que es reabrir la mayoría de sectores de la economía regional, se está convirtiendo en la única vía de escape a la realidad que vive un amplio porcentaje de la comunidad caqueteña.

Ha quedado evidenciado en las protestas, y en el día a día de la cotidianidad, que la mayoría de caqueteños prefieren exponerse a la posibilidad de contagiarse con Covid 19, que mantenerse en sus casas pasando hambre y necesidades.

La reapertura de las actividades económicas parece ser la alternativa más viable, ya que, a pesar de los esfuerzos del Gobierno Nacional por subsidiar algunos sectores, es evidente que, en zonas como el Caquetá, dichas ayudas y subsidios no llegan a la gran mayoría de la población.

En un departamento cuya tasa de informalidad es tan alta, difícilmente se podrá continuar ampliando de manera perentoria la cuarentena.

Está pues en manos de los mandatarios, sobrellevar de la mejor manera la actual situación. Muchos aplaudieron las medidas anticipadas de confinamiento en la región. Ahora habrá que ver, cuáles serán las medidas adoptadas por los gobernantes para lograr que se retome la normalidad en los sectores productivos y comerciales, sin que ello vaya en detrimento de la salud, pero sí en beneficio de la economía de las familias caqueteñas.